Cuando diseñamos esta ruta, nos preguntamos: ¿cuáles son los paisajes y las experiencias gastronómicas más icónicas de Europa occidental? La respuesta nos llevó a armar un recorrido que une tres de las zonas más reconocidas del mundo en cultura y gastronomía.
Los viñedos del Médoc
Empezamos en el sur de Francia, en la región de Burdeos. El Médoc es, para muchos entendidos, la cuna del vino tal como lo conocemos hoy. Châteaux con siglos de historia, viñedos que parecen pinturas, y una cultura del vino que va mucho más allá de la copa.
Hacemos una visita a bodega incluida donde no solo probás los vinos sino que entendés el proceso, el terroir, por qué ese suelo produce ese resultado. Es una clase magistral que no se olvida.
Cruzando a Italia
El cruce de los Alpes en autocaravana es una experiencia en sí misma. Los túneles, los viaductos, el cambio de paisaje de lo galo a lo italiano. En pocas horas pasás del francés al italiano, del pan baguette a la focaccia.
La Toscana
Si el Médoc es el paraíso del vino francés, la Toscana es su equivalente italiano. Los cipreses en fila sobre las colinas doradas, los pueblos medievales colgados en lo alto, el Chianti en una cantina de pueblo.
Florencia merece tiempo propio. El Duomo, el Ponte Vecchio, los Uffizi. Pero también los mercados del Mercato Centrale con su queso parmesano cortado en bloque, su prosciutto de Parma y su pasta fresca.
Roma: el cierre
Terminar en Roma tiene algo de inevitable. La ciudad que durante siglos fue el centro del mundo conocido. El Coliseo, el Vaticano, la Fontana di Trevi. Pero también el café romano a las 8 de la mañana parado en la barra de un bar de barrio, o la cena en la Trastevere cuando la ciudad se ilumina.
¿Quién hace este viaje?
Personas que combinan el amor por la cultura con el placer de la buena mesa. No hace falta ser sommelier ni experto en arte: el viaje está diseñado para que todo eso sea accesible y disfrutable sin pretensiones.
